Cambio Climático

Posición de la UCCS ante el Cambio Climático

Un Fenómeno Complejo

El cambio climático es una arista muy visible de la crisis ambiental y energética planetaria, y una manifestación de los límites del modelo de desarrollo económico actual. Es un proceso en curso, con distintos grados de complejidad, en el que inciden factores económicos, tecnológicos, sociales y ambientales. Por lo tanto, debe ser abordado desde una perspectiva interdisciplinaria e integral.

Las manifestaciones del cambio climático

La superficie de la tierra se ha calentado 0.74o C durante el siglo veinte, y tan sólo en las últimas cuatro décadas la temperatura se ha incrementado 0.52o C. Esto ha provocado otros cambios profundos: el nivel medio del mar ha subido más de 10cm, y su tasa de aumento se ha duplicado en los últimos 12 años; el grosor de las capas de hielo y nieve en glaciares y polos ha disminuido constantemente desde hace 30 años, llevando a una pérdida de casi el 10% de su volumen. El calentamiento de la tierra y los cambios en los patrones de precipitación están provocando cambios en las áreas de distribución de las comunidades vegetales; algunas se están desplazando hacia lugares más altos y otras se están contrayendo, mientras que unas más están en proceso de expansión. El calentamiento del océano ha causado el blanqueamiento de corales, mientras que en los continentes son evidentes tanto los cambios en los periodos de floración y fructificación de varias especies vegetales, como modificaciones relevantes en los ciclos de vida de una gran variedad de especies animales (insectos polinizadores, aves, etc.), lo cual afecta las diversas interacciones entre especies y el funcionamiento de los ecosistemas

Las causas

Los niveles de dióxido de carbono –el gas que más ha contribuido al cambio climático- han aumentado 70% respecto a la era pre industrial; otros gases de efecto invernadero como el metano y óxido nitroso han aumentado también significativamente sus concentraciones en la atmósfera en el último siglo. Existen hoy evidencias científicas suficientes para afirmar que: a) la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera es la causa principal de los cambios observados; b) esta acumulación está asociada principalmente a actividades económicas: generación de energía y transporte con combustibles fósiles, la deforestación, el mal manejo de los desechos, los cambios de uso de suelo y la agricultura intensiva.

Graves Impactos Esperados

Se han planteado escenarios a futuro para estimar la magnitud del calentamiento esperado y los impactos de éste. Los efectos proyectados para este siglo incluyen aumentos de temperaturas promedio que pueden ir desde 1.8 hasta 4.0 oC, dependiendo del tipo de desarrollo que adoptemos a nivel mundial (por lo que no se descarta llegar hasta 6.4 grados) y un aumento global en el nivel del mar entre 0.18 y 0.59 m (debido a la expansión de los océanos al calentarse) y desde 0.5 hasta 2m considerando el acelerado derretimiento de las capas de hielo. Se esperan además cambios significativos en los patrones pluviales; mayor incidencia de extremos en temperatura y precipitación, ciclones tropicales y ondas de calor cada vez más intensos, e inundaciones; sequías prolongadas cada vez más frecuentes; pérdida de zonas costeras; dificultad para el suministro de agua potable y aumento de las zonas de influencia de las enfermedades tropicales como la malaria. Todos estos fenómenos repercutirán a su vez en la economía nacional y regional, y tendrán impactos graves sobre todo en las poblaciones y sectores sociales más vulnerables, debido a la pobreza y marginación. Como consecuencia de la prolongada permanencia en la atmósfera de varios de los GEI, la concentración de estos gases, la temperatura y el nivel medio del mar seguirán subiendo durante varios siglos después de que se reduzcan las emisiones. En los próximos veinte años se espera un aumento de temperatura superficial de 0.4 oC en el mundo, independientemente del escenario económico que sigamos; más aún, debido a la lenta respuesta de los océanos al calentamiento, incluso si en estos momentos se estabilizaran las tasas de emisiones de GEI en los niveles del año 2000, cabría esperar un calentamiento entre 0.3 y 0.9 oC en el largo plazo.

Estrategias para enfrentarlo

Dada la inercia climática, mientras más tiempo tardemos en reducir las emisiones de GEI -que han aumentado 70% entre 1990 y el 2004- se volverán más urgentes tanto las medidas de adaptación como las de reducción de vulnerabilidad, y al mismo tiempo, más estrictas tendrán que ser las medidas de mitigación requeridas para estabilizar las concentraciones de estos gases en niveles que nos permitan evitar los riesgos más graves (económicos, sociales y ambientales), sin causar efectos irreversibles en el planeta.

La UCCS considera que para hacer frente a esta problemática es urgente tomar acciones locales concretas, y al mismo tiempo emprender una acción conjunta y coordinada a nivel internacional, basada en el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas entre los países y sectores sociales. Es vital que todas las naciones contribuyamos proporcionalmente para reducir globalmente las emisiones de GEI en 50% durante los próximos 25-30 años para salvar esta crisis. Las medidas de adaptación y mitigación están ampliamente justificadas por el principio precautorio, según el cual es mucho más efectivo actuar preventivamente que tratar de remediar los efectos una vez que el calentamiento del planeta se haya acentuado.


México ante el Cambio Climático
Tomando en cuenta la problemática descrita anteriormente, consideramos lo siguiente:

 

  1. POLÍTICAS PÚBLICAS. El cambio climático requiere una estrategia de estado. México debe tener una política pública proactiva para enfrentarlo, con metas claras y planes coherentes, además de contar con fondos y presupuestos propios para garantizar su cumplimiento. Es fundamental que exista una coordinación efectiva de dependencias gubernamentales y la planeación de un desarrollo sustentable. Debido a su gran diversidad ecológica, la baja disponibilidad de agua, y la alta dependencia de la agricultura de temporal, así como por la distribución tan desigual de la riqueza, México es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático. Por otra parte, ocupa el lugar 14 entre los países emisores de gases de efecto invernadero, debido a que nuestra actividad económica depende fuertemente del uso de los combustibles fósiles y enfrentamos altas tasas de desforestación. Este es un problema estratégico, pues causa presiones cada vez mayor sobre la base productiva y los recursos naturales, que son nuestro patrimonio nacional.
  2. ESTRATEGIA INTEGRAL. Una estrategia integral ante el cambio climático comprende prácticas de adaptación, reducción de vulnerabilidad y mitigación. La primera requiere una planeación del desarrollo económico en función de los cambios climáticos esperados; la segunda consiste en tomar acciones específicas para prevenir daños; la tercera comprende introducir medidas, políticas y tecnologías para evitar más emisiones. Se deben buscar sinergias entre las distintas estrategias climáticas y las necesidades sociales y ambientales de desarrollo en nuestro país. Por una parte, las estrategias de adaptación y mitigación deben aplicarse simultáneamente, y no consecutivamente, buscando la integración de sus elementos para optimizar nuestra respuesta ante el cambio climático, y al mismo tiempo disminuir los riesgos (sociales, económicos, tecnológicos). Por otra parte, si bien las acciones ante el cambio climático se apoyan en la reducción de la vulnerabilidad, la transición energética y la conservación de los sumideros naturales de carbono, no se trata sólo de resolver problemas técnicos: nuestros esfuerzos deben ser parte de un modelo de desarrollo integral, a largo plazo, hacia una sociedad sustentable.
  3. ADAPTACIÓN Y VULNERABILIDAD. La mayor presión debida al cambio climático en México será sobre la disponibilidad de agua, lo que aumentará la vulnerabilidad de las zonas áridas y semi-áridas, y las de agricultura de temporal, además de las zonas costeras y bajas. Además de ciclones y huracanes, los principales riesgos de desastres son las inundaciones y deslaves (centro, sureste y Golfo) y las sequías (norte y noroeste). Es necesario además a) señalar y proteger las zonas y localidades más vulnerables (regiones inundables, deltas de ríos y zonas secas), b) los ecosistemas amenazados (bosques templados y fríos, pastizales, arrecifes y manglares) incluyendo las comunidades y la biodiversidad; c) optimizar el aprovechamiento de agua, tanto en agricultura de temporal como en zonas urbanas; d) evaluar la posible afectación tanto de los recursos hidrológicos como de los energéticos (especialmente en la zona del Golfo). Se requiere además la participación de expertos en centros regionales y tecnológicos que puedan elaborar proyecciones de la productividad y riesgos bajo los escenarios del cambio climático, para los distintos sectores económicos, asentamientos urbanos, cultivos, climas regionales, recursos hidrológicos, zonas vegetales, zonas costeras, balances de energía, entre otras. Para reducir la vulnerabilidad social, se debe proteger la infraestructura y desarrollar los medios de producción de los medios básicos de subsistencia, en recursos como energía, alimentación y agua. Es especialmente urgente identificar las principales áreas de recarga de los mantos acuíferos y los procesos que ocasionan su deterioro, para tomar acciones inmediatas de conservación o restauración.
  4. MITIGACIÓN DE EMISIONES. La transición hacia un modelo económico de bajas emisiones de gases de efecto invernadero es urgente. Esto implica promover transiciones en los sectores energético, agrícola y forestal, integrando en ellas, como un aspecto fundamental, el desarrollo social.

    Sector Energético y Transportes. Debemos desarrollar políticas para la construcción de una base energética limpia, segura y más equilibrada para el futuro del país. Por una parte, las medidas de eficiencia y conservación de energía a gran escala representan el potencial de mitigación más importante y costo efectivo en el corto plazo. De continuar y fortalecerse, estas medidas podrían reducir hasta en 20-50% la demanda de energía proyectada para 2030-2050. Por otra parte, contamos con el potencial para cubrir el 35-60% de la demanda resultante en 2030-2050 con energías renovables (ER). Para lograr estos objetivos se requiere de apoyo institucional, reformas y esquemas flexibles que permitan diversificar las escalas, las tecnologías y los actores, así como descentralizar el suministro. Se requieren además incentivos fiscales y fórmulas de financiamiento e inversiones estables para apoyar la eficiencia energética, los métodos anticontaminantes, los proyectos de autogeneración y el desarrollo tecnológico de ER. En el transporte, es necesario promover el uso de vehículos más eficientes y mejores combustibles, pero al mismo tiempo se deben evitar los subsidios directos e indirectos al uso de combustibles fósiles. La promoción de programas energéticos con renovables deberá atenerse a criterios estrictos de sustentabilidad. Por ejemplo, en términos de contratos con poseedores de los recursos naturales, o en el caso de agrocombustibles, asegurando que no deterioren la seguridad alimentaria ni provoquen mayores impactos ambientales en su expansión en gran escala. La agroindustria y la ganadería son cada vez más dependiente de fertilizantes y de mayores insumos de agua y energía para mantener su rendimiento.

    Sectores Forestal y Agrícola. La conservación de la cobertura vegetal y de la integridad de suelos en la agricultura son estrategias fundamentales. Debemos apoyarnos en las comunidades y trabajar las estrategias económicas y ecológicas sustentables, para detener la deforestación, que actualmente alcanza 500,000 hectáreas al año. Fortalecer el manejo sustentable de bosques y selvas, así como un nuevo modelo agrícola, asegurarán la captura de carbono y detener la degradación de suelos. Existe el potencial de habilitar 280 mil hectáreas al año mediante proyectos de restauración y reforestación en plantaciones forestales comerciales, para restaurar suelos degradados y producir bioenergéticos, combinando con actividades alimentarias y cultivos mixtos cuando sea posible. Se deben promover las estrategias agroecológicas, métodos de labranza mínima, prácticas agroforestales, sistemas locales de insumo-producto, entre otras medidas.
  5. CAMBIOS ESTRUCTURALES. Se requieren cambios estructurales para reducir de manera efectiva la vulnerabilidad de nuestro país al cambio climático, así como para lograr una reducción sustancial de las emisiones de gases de invernadero. Esto significa optar por otro modelo de desarrollo. Por ejemplo, es necesario hacer efectivo el ordenamiento urbano; hacer esfuerzos de planeación e ingeniería y regular el crecimiento de la infraestructura de las ciudades; elaborar normas de eficiencia para el rediseño y mantenimiento de edificios y complejos devoradores de energía (centros habitacionales, hoteles, centros comerciales). Es crucial además disponer de un transporte público limpio y eficiente, y dar viabilidad dentro de la estructura de transporte en las ciudades tanto a ciclovías como rutas peatonales. Se necesitan optimizar la movilidad, redistribuir tanto localizaciones como horarios y reducir el radio de desplazamiento medio, así como modificar los patrones individuales de consumo (evitando el dispendio). Requerimos desde luego mejorar la gestión de las cuencas hidrológicas e implementar un programa de manejo integral de la basura y de los rellenos sanitarios, incluyendo reciclaje, reducción de volumen, combustión controlada, producción de compostas y generación biogás. Es clave tener sistemas alimentarios basados en el abasto de productos locales y con un menor dispendio de materiales y energía en el transporte, procesado y empaque.
  6. SOBERANÍA. El Estado Mexicano debe mantener la soberanía sobre los recursos naturales. Al mismo tiempo, la gestión del Estado debe contemplar la diversidad de los actores involucrados y descentralizarse. Se deben buscar modelos innovadores y esquemas flexibles que permitan potenciar la participación de los distintos sectores sociales, garantizando el acceso equitativo a las opciones de mitigación y adaptación y marcos regulatorios apropiados.
  7. CIENCIA. Los científicos e investigadores debemos ejercer una ciencia abierta y responsable de sus resultados; mostrar un compromiso social, orientando nuestras investigaciones y definiendo los problemas de estudio con base en las necesidades de los distintos sectores del país. Es importante nuestra participación en grupos de estudio nacionales e internacionales, tanto para mejorar el entendimiento del origen de este problema, las consecuencias para México, así como para identificar las opciones de mitigación más viables y con impactos sociales positivos, así como las tecnologías más seguras y asimilables para detonar un desarrollo tecnológico sustentable. Debemos mantener informado al público respecto a los resultados de nuestros estudios, pues en muchos casos proporcionarán información clave para la toma de decisiones.

 

ALBERTO SALAZAR y OMAR MASERA