Tajamar y los manglares en la urbanización costera

Por Luis Zambrano

Para comprender la magnitud social, ecológica, legal y política de la tala del manglar Tajamar en la ciudad de Cancún es necesario regresar en el tiempo al menos 11 años. En junio del 2005 la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) avaló una Manifestación de Impacto Ambiental para construir un complejo turístico que destruiría el manglar de Tajamar. En esa época muchos proyectos como éste se aprobaron para promover la urbanización de las costas a través de complejos turísticos. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad y el Instituto Nacional de Ecología (Ahora INECC) estudiaron este fenómeno y encontraron datos desalentadores: México está perdiendo sus manglares a tasas aceleradas. La pérdida es de tal magnitud que en 20 años se perdió el 10% de la cobertura y la tasa de deforestación anual desde 1975 puede llegar hasta 2.5%.

 

Quizá gracias a este tipo de estudios una luz de civilización llegó al país y se generaron nuevas leyes que permiten la protección del manglar. Una de ellas fue la ley denominada “60 TER” de protección de vida silvestre que evita la tala de este tipo de árboles. En el 2010 se incluyó a los mangles en la lista de especies en peligro y por lo tanto no se pueden talar. Pero aún con la ley, seguimos perdiendo áreas de manglar, es por eso que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) evaluó a la SEMARNAT en su labor de proteger los manglares. Se evaluaron alrededor de 60 proyectos que devastaron manglares durante dos años, la mayoría de ellos en la península de Yucatán. Hace siete años ASF llegó a la conclusión de que la SEMARNAT no tenía una estrategia para el cumplimiento de la ley. Esto no ha cambiado pues las mismas autoridades de SEMARNAT son las que justifican y defienden la destrucción del manglar Tajamar, pues las leyes se hicieron después del permiso.

Es como si se aboliera la quema en leña verde de la brujas por ser un acto de barbarie, pero el mismo abogado defensor solicita que aquellas mujeres ya sentenciadas se les mande a la hoguera porque su condena fue previa a la abolición.

Incluso este argumento tiene fecha de caducidad, ya que el permiso del 2005 se termina en febrero de este año. Por ello se hizo la destrucción en una sola noche. La lógica de SEMARNAT, Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) y los empresarios involucrados está muy bien explicada en una entrevista de Animal Político con Francisco Córdova Lira, dueño de Xcaret y Xel-Ha, quien pagó 38 millones de pesos por un predio en ese lugar: [Lo ocurrido en Tajamar]….“es la única manera de que se podía cumplir y respetar los derechos que tenemos los inversionistas de haber invertido en ese dinero….”. Además este empresario se justifica de comprar un lote de manglar para destruirlo dado que el terreno “ya estaba impactado y por lo tanto no existe ecocidio”.

El argumento de “ya estaba perturbado” es quizá el más repetido para justificar un ecocidio. Este argumento tiene como premisa que una región que no es virgen por la perturbación humana, es impura y por ello es digna de ser mancillada con más construcciones. Como ya no hay un sólo terreno inmaculado en el país, este argumento puede ser utilizado en todos lados y con mayor razón en las zonas urbanas. Este argumento se utiliza todos los días en la ciudad de México para devastar los bosques remanentes como la cañada de Tarango para construir la Supervía, talar cientos de árboles para construir el deprimido Mixcoac o un estadio de béisbol privado en la Magdalena Mixhuca. 

En las ciudades costeras este argumento se utiliza para destruir manglares. Por ejemplo, se utilizó en Tampico para intentar destruir el último relicto de manglar que se encuentra en la Laguna de Carpintero. Éste ha sido talado en muchas ocasiones para demostrar que estaba perturbado, pero la naturaleza ha retomado ese espacio constantemente, lo que prueba que un manglar devastado puede renacer si permanecen las condiciones propicias. Así, el argumento de “ya estaba perturbado” se rebate con la premisa: “cualquier ecosistema se puede restaurar”.

Asimismo, el hecho de que ya estuviera perturbado no quiere decir que no proveyera de servicios de gran importancia para los humanos. Un manglar perturbado es mejor que un hotel, un campo de golf o un “ecoparque” para evitar la erosión de la arena; sigue siendo un lugar donde se reproducen peces y camarones que comemos en semana santa, evita los efectos negativos de los huracanes y reduce la contaminación del agua del río que llega al mar, al ser un filtrador natural de contaminantes. Esto es de particular importancia para las ciudades como Cancún, Veracruz, Tampico, Villa Hermosa, Mazatlán o Zihuatanejo. En Cancún está desapareciendo la arena de las playas y es en gran medida por la destrucción de manglares. Los hoteleros y las autoridades están importando arena de otros lugares, generando una perturbación en las zonas donde las extraen. Esta misma ciudad ha sufrido los efectos devastadores de los últimos dos huracanes que han pasado por encima (Gilberto y Wilma) y han afectado el resto de la península de Yucatán.

Los manglares que han sido absorbidos por ciudades ocupan áreas de ensueño para el turismo. Gran parte de la belleza turística se debe al manglar que será destruido. La marina de Ixtapa, por ejemplo, se construyó hace unos 30 años sobre un manglar. Muchas personas ven la marina como un símbolo de desarrollo contra lo que había antes. Pero los beneficiarios de la marina se pueden contar con el número de yates privados anclados en sus muelles, mientras que los beneficiarios de ese manglar éramos todos los mexicanos, y principalmente los habitantes del municipio de Zihuatanejo.

A pesar de que existe mucha información sobre la importancia de los manglares no sólo como un gran atractivo turístico sino también como áreas fundamentales para la sostenibilidad de las ciudades costeras, muchos inversionistas y dependencias gubernamentales las siguen viendo como un estorbo. Aun así, la conciencia social para la protección de los manglares cada día es mayor y las justificaciones para su destrucción cada día son más incongruentes. Por ejemplo tanto en la Laguna del Carpintero como en Tajamar se justifica la devastación es para construir con un “ecoparque”, que mejoraría el lugar pues “ya estaba perturbado”. El prefijo “eco” en el nombre de una construcción que nunca la hará más ecológica que el ecosistema destruido para establecerla, mucho menos si este ecosistema es un manglar.

La destrucción de Tajamar confronta a dos tipos de derechos. Por un lado está el derecho de los 22 empresarios como Córdova Lira a multiplicar su inversión de 38 millones de pesos. Por el otro lado, está el derecho humano a tener un ambiente sano al conservar restaurar nuestros ya muy afectados manglares. Un derecho que nos beneficia de manera directa o indirecta a todos los habitantes de este país. Un buen gobierno buscaría beneficiar el bien común que en este caso es la conservación del manglar, en lugar de justificar destrucciones súbitas al amparo de la noche.

La misma Ciudad de Cancún será la sede de la COP13 sobre la protección de la Vida Silvestre organizada por la “Conservation on Biological Diversity”. En estas reuniones lo que se busca es justamente proteger ecosistemas que albergan una gran cantidad de especies como los manglares. Es irónico que se haya escogido a Cancún para esta reunión puesto que es probablemente la ciudad del país que ha tenido la mayor destrucción de biodiversidad en los últimos 40 años.

Igualmente, si los encargados de proteger nuestra naturaleza como el Secretario Rafael Pacchiano justifica la destrucción de un manglar porque “FONATUR ha cumplido con la presentación de los informes establecidos en las autorizaciones”, entonces tenemos una conservación gubernamental que da prioridad a los papeles del escritorio y no puede levantar la mirada ante los bosques, selvas, humedales y manglares devastados.

La reacción de las autoridades ambientales en este caso se suma a una gran lista de desatinos como el cambio de categoría del Nevado de Toluca, la reducción de presupuesto o el desmantelamiento de la CONANP y del INECC que están dejando más vulnerables a nuestras áreas naturales. Es por esto que debemos evaluar si estas autoridades tienen la capacidad técnica, el conocimiento científico y el valor ético para organizar la sede de la COP 13 este diciembre en Cancún.

Luis Zambrano es investigador del Instituto de Biología y Secretario Ejecutivo Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel, UNAM