La biodiversidad amenazada; importancia de los pueblos tradicionales

Víctor M. Toledo

En la primera parte de este ensayo asentamos que las tres encomiendas del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) establecidas desde 1992: conservar la biodiversidad, utilizarla correctamente y repartir sus beneficios de manera justa y equitativa, que son mecanismos consensuados por los países para evitar la destrucción de la naturaleza en el planeta, estaban siendo torpedeadas por los intereses del capital corporativo desde hace por lo menos una década. Al mismo tiempo sostuvimos que son los pueblos tradicionales los que mejor logran llevar a la práctica esos objetivos. Aquí las evidencias y ejemplos.

Conservación de la biodiversidad. Hay sobrada evidencia de cómo los proyectos empresariales y corporativos y/o de agencias gubernamentales de corte neoliberal destruyen la biodiversidad del planeta. La deforestación global, la destrucción de los hábitat de los seres vivos, está provocado en su mayor parte por 500 entidades que comercializan y negocian materias primas por unos 100 mil millones de dólares anuales, según el estudio de una organización británica (Forest 500). De ese total sólo unas cuantas toman medidas para reforestar lo que destruyen. Las materias primas más destructivas son la soya, el aceite de palma, la carne de res, el cuero, la madera y la pulpa y pasta de papel. La expansión de la soya transgénica en Sudamérica provocó ya la mayor catástrofe biológica de origen humano: 40 millones de hectáreas (equivalentes a Alemania) de bosques, selvas y matorrales convertidos en ¡pisos de fábrica de una sola especie! y en los mares la pesca industrial ha sobrexplotado las reservas pesqueras de la mayoría de los océanos.

En México, las políticas neoliberales de las décadas recientes han dejado ya las riquezas del subsuelo (minerales, gas y petróleo) casi totalmente concesionadas a las empresas privadas, y hacia allá se dirigen la industria eléctrica, el agua y la biodiversidad. La política ambiental de estos gobiernos se ha ido poniendo del lado de las empresas y las corporaciones, como ha sido el caso del maíz y la soya transgénicos, los inexplicables cambios en las áreas naturales protegidas (como el Nevado de Toluca) o los innumerables permisos otorgados a proyectos de alto impacto ambiental. En contraste y como sucede en los países megadiversos, las áreas más extensas, menos alteradas y de mayor biodiversidad se encuentran en los territorios indígenas de Brasil, Australia, Colombia, Perú y México. En nuestro país al menos 28 millones de hectáreas están bajo la custodia de los pueblos originarios, incluyendo las zonas cafetaleras bajo árboles de sombra. Y en los años recientes numerosos ejidos y comunidades indígenas han proclamado zonas de conservación comunitaria en 349 puntos del país: Oaxaca (113), Guerrero (74), Quintana Roo (67) y Michoacán (26). Más recientemente, cinco municipios mayas de Yucatán han creado en colaboración con conservacionistas y ambientalistas y el gobierno estatal, la primera Reserva Biocultural en el Puuc, con 135 mil hectáreas, un modelo de gobernanza ciudadana y de conservación desde abajo.

Uso correcto de la biodiversidad. México reboza de ejemplos de manejo sustentable de la biodiversidad por parte de ejidos, comunidades y cooperativas pesqueras y forestales principalmente en el centro, sur y sureste del país, y también de proyectos de propietarios privados en el centro y norte (las llamadas UMAS o unidades de manejo). Estos proyectos llevan dos, tres y hasta cuatro décadas. En el caso de la pesca destacan las iniciativas de cooperativas que en plena colaboración con organismos no gubernamentales y centros académicos realizan actividades productivas exitosas en Baja California y en el mar Caribe. En el terreno de lo forestal, dado que 70/80 por ciento de bosques y selvas de México están bajo propiedad social, abundan los proyectos de manejo exitoso en Quintana Roo, Michoacán, Oaxaca, Veracruz y Guerrero. La experiencia de la comunidad indígena de Nuevo San Juan es emblemática en este contexto. El caso de la producción de café orgánico realizado por unas 150 cooperativas indígenas bajo sistemas agroforestales que conservan flora y fauna mientras producen cientos de productos para el autoconsumo y su venta en mercados nacionales e internacionales son un modelo a escala mundial. Finalmente, destaca la milpa, el policultivo agrícola mesoamericano que tras 9 mil años sigue manteniendo la diversidad de especies y de genes (agrodiversidad), a pesar de los embates de los agronegocios en complicidad con la Sagarpa y centros de investigación (por ejemplo el proyecto MasAgro).

Reparto justo de los beneficios de la biodiversidad. En marcado contraste con los proyectos de bioprospección y de captura de genes que realizan las corporaciones farmaceúticas, biotecnológicas y genómicas a partir de los conocimientos tradicionales, y que operan como mecanismos de extracción (biopiratería), las experiencias de las empresas sociales rurales de México son ejemplos notables de distribución colectiva de los beneficios derivados de sus recursos de flora y fauna y sus servicios (como la conservación o el ecoturismo). Las cooperativas, sean agrícolas, cafetaleras, forestales, pesqueras, conservacionistas o ecoturísticas, donde todos los productores son socios, garantizan el reparto justo de los beneficios, ahí donde se acompañan de gobernanzas legítimas, toma democrática de decisiones, administraciones transparentes, eficacia tecnológica y una visión basada en el principio de producir conservando y conservar produciendo.

Como en el resto del mundo, en México se libran arduas batallas para salvaguardar los avances en materia de conservación y buen uso de la rica diversidad biótica, hoy cada vez más amenazados por los intereses mercantiles y con la anuencia y la complicidad de los gobiernos neoliberales. Al mismo tiempo el país destaca por sus innumerables experiencias colectivas y sociales, construidas con el esfuerzo y la inteligencia de los pueblos tradicionales a lo largo de las décadas recientes. Los verdaderos conservacionistas deben tener claro el escenario para poder jugar del lado correcto.