El maíz en peligro ante los transgénicos

Rosaura Ruiz | El Universal

Ayer se presentó, en el Instituto de Ecología de la UNAM, el libro El maíz en peligro ante los transgénicos, una obra valiosísima y resultado del trabajo multidisciplinario de La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS). En el se incluyen serios análisis así como investigaciones sometidas a la más cuidadosa revisión realizadas por especialistas de distintas disciplinas, desde la genética y la ecología, hasta las ciencias sociales y las humanidades.

El libro nos provee de información y datos duros referentes a las consecuencias —potenciales y reales— de la utilización indiscriminada de maíz genéticamente modificado en nuestro país. Este es uno de sus principales fines, ofrecer los elementos necesarios para que el público pueda comprender el problema y participar informada y responsablemente, más allá de la propaganda y los distintos dogmas, en el debate que se está dando en torno a este caso trascendental.

Como adelanto, las investigaciones del libro demuestran que la liberación del maíz transgénico en el territorio mexicano, en su totalidad centro de origen y de diversidad genética del grano, es inaceptable por los daños ambientales, sociales y culturales que se derivan de ello; que el riesgo que se corre es altísimo, concierne a la soberanía nacional y pone en peligro la conservación y aprovechamiento de la diversidad genética del maíz (alrededor de sesenta razas nativas de nuestro país, producto de un proceso de selección, que ha ocurrido por miles de años, en el sistema de milpa).

De lo anterior hay mucha literatura y pruebas documentadas, por ello nuestro interés se centra en exponer algunas cuestiones respecto a la forma en que muchas veces se dan los debates científicos, en este caso alrededor de la utilización de organismos genéticamente modificados (OGM), y que muchas veces presentan conflictos de interés.

En un debate científico hay conflicto de intereses cuando algún actor del mismo trabaja al servicio de entidades que tienen algún interés extra científico (político, económico o ideológico). David Hull, el filósofo de la ciencia que más ha estudiado este tipo de comportamiento, sostenía que éste era un riesgo latente en el quehacer científico que tiene distintos orígenes, siendo uno de ellos el de cobrar para sostener lo que convenga al contratante (p.e, las empresas dueñas de las patentes de los OGM).

En el caso de la liberación al ambiente de los OGM no podemos decir que todos los científicos que están a favor de ello estén movidos por intereses mezquinos, hay quienes honestamente sostienen esta posición. La forma de distinguir a unos de otros se da por el trabajo comunitario típico de la ciencia. Esto es, la posibilidad de objetividad científica está dada por su estructura comunitaria. Por esta razón, el trabajo multidisciplinar y comunitario realizado por la UCCS en el libro del que ya hemos hablado y donde se analizan las consecuencias de liberar la utilización del maíz transgénico en México es ejemplar y es una experiencia que se debe repetir para cada caso particular (pues no podemos generalizar que lo que no conviene en el caso del maíz aplique a otros OGM).

Lo anterior demuestra que es trascendental que la comunidad científica se apegue a sólidos códigos éticos y respete los legítimos intereses de la comunidad, y no los de agentes extracientíficos, para funcionar como una fuente que ofrezca a la ciudadanía las condiciones para participar en los debates y en la toma de decisiones de asuntos que le atañen y, con mayor razón, cuando son de interés público como es el caso.

 

Directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM