El Acuerdo de Copenhague COP-15

Alberto Salazar

El verano pasado, el instituto alemán Wuppertal (IWR) hizo saber que las emisiones mundiales de CO2 son ahora 40% más de lo que eran en 1990. En este sentido, los acuerdos de reducciones de emisiones de Kyoto (que terminarán su vigencia en el año 2012) sólo consiguieron retrasar este aumento en aproximadamente seis años."

La cumbre de cambio climático de la O.N.U en Copenhague (COP-15) de diciembre pasado culminó con un perfil muy débil respecto a un esperado acuerdo global de medidas post-Kyoto para reducir las emisiones de gases de invernadero e implementar las necesarias acciones de adaptación para los años venideros. El acuerdo final fue una especie de cortocircuito, quedando lejos de lo que muchos países (ricos y pobres) esperaban. Mencionaremos algunos de sus acotamientos.

En primer lugar, no es un acuerdo legal, sino un acuerdo político. Quedan a partir de ahora meses de negociaciones, y resistencias por venir, para lograr acuerdos con más certidumbre hacia la siguiente reunión, en México, a final de 2010.

En segundo lugar, aunque el llamado acuerdo de Copenhague hace un reconocimiento general de un planteamiento científico básico: el evitar un aumento de la temperatura mundial mayor a 2C durante este siglo para evitar los grandes riesgos climáticos, el documento carece de los compromisos de reducción de emisiones necesarios para evitar este hecho. El acuerdo fue formulado principalmente por los E.E.U.U., China, Sudáfrica, la India y Brasil, bajo el principio de "responsabilidades compartidas, pero diferenciadas" para enfrentar el calentamiento global. Aunque fue llamado por muchos funcionarios un acuerdo "significativo", incluso el presidente Obama de los E.E.U.U. declaró: "Este avance no es suficiente." La negociación de fondo está entre los E.E.U.U. y China; en este sentido, el acuerdo de COP-15 es un primer paso, pero hay mucho trabajo por hacer para obtener un acuerdo mínimo, jurídicamente vinculante (como Kyoto).

En el texto final de la COP-15 no se incluyó ninguna alusión al hecho de no sobrepasar los 2C de aumento en la temperatura global durante este siglo; además, también fue quitada del texto final la meta anterior para 2050 de reducir en 80% las emisiones globales de CO2. Es notable que el acuerdo incluya una sección especial para la silvicultura, de la cual se espera una reducción efectiva de emisiones, evitando la desforestación y la degradación de suelos (REDD). Lo anterior es importante para un país forestal como México. En el mismo documento, a los países que de acuerdo a la convención de la ONU deben hacer reducciones de emisiones (Anexo 1) se les llama a establecer sus metas cuantitativas para 2020 al final de enero de 2010; los países no obligados hasta ahora (no-Anexo 1) fueron llamados a listar las líneas de acción o las estrategias que proponen emprender.

En la Gráfica 1 se muestra la insuficiencia de las propuestas actuales de reducción de emisiones consideradas en la COP-15 para evitar problemas climáticos serios en este siglo. Suponiendo que todas las medidas propuestas que existen se cumplieran (muchas de ellas son consideradas aún como aportaciones de carácter voluntario), tendríamos a fin de siglo un planeta más caliente en casi 4°C. Esto provocaría inundaciones y lluvias torrenciales muy frecuentes, la destrucción de la mayor parte de los bosques en la Amazonia, la expansión dramática y acelerada de los desiertos, la escasez de alimentos y la desaparición total del hielo en el Ártico; además de un aumento del nivel medio del mar (usando la estimación más conservadora) de al menos 50 cm., causando desplazamientos de millones de personas y grandes pérdidas económicas. El aumento de 4°C es además un punto donde perderemos la opción para poder influir sobre el clima planetario. Esta cifra marca el inicio de la liberación de millones de toneladas de dióxido de carbono y metano que están contenidas en los suelos permanentemente congelados (principalmente en Siberia), con lo cual el proceso de calentamiento se aceleraría causando cambios irreversibles en el planeta.

En tercer lugar, el acuerdo plantea crear un fondo de 30 mil millones de dólares anuales para la adaptación de los países pobres en lo próximos dos años, y de 100 mil millones de dólares a partir de 2012 y hasta 2020. Al parecer la cumbre de Copenhague no estuvo orientada tanto hacia el fenómeno de calentamiento del planeta, ni a los riesgos climáticos que esto implica, sino al tema de los financiamientos. Un logro realmente concreto en el acuerdo de Copenhague parece haber sido la perpetuación de las reglas de Kyoto que ha creado los "negocios verdes". Aunque este es el rumbo que está tomando buena parte de la estrategia climática actual, la forma de operación de estos mecanismos financieros necesita ser revisada a fondo en las reuniones siguientes de la O.N.U. La pregunta es si fortalecer esta estrategia económica será suficiente. ¿Se puede evitar así la catástrofe ambiental, energética y alimentaria en este siglo? ¿En todo caso, quién está listo en nuestro país para participar de ello?.

Las rondas de negociaciones sobre cambio climático que se realizan en la O.N.U. tienen una importancia vital para México debido al tamaño de su economía y de su población, así como a la gran variedad de condiciones climáticas y geográficas que posee. Por una parte está el grado de vulnerabilidad del país. Los factores sociales y ambientales hacen que los impactos climáticos potenciales sean graves. Por otra parte está el potencial de reducción de emisiones. En toda la vida económica existe una amplia gama de medidas posibles en sectores como el transporte, la eficiencia energética y el desarrollo regional.

No obstante, en el caso particular de nuestro país, ante el cambio climático no se ha hecho prácticamente nada significativo en un tema fundamental (que es responsabilidad directa del estado): la planeación del desarrollo de infraestructura urbana y energética en base a los escenarios que han sido planteados por los expertos. Se carece también de políticas e incentivos concretos para fomentar la transición de la matriz energética a una basada en las fuentes renovables y bajo la premisa de la eficiencia energética.

Parecería irónico que muchos tengamos que hacer notar una y otra vez que, a pesar de las inercias económicas y las dificultades políticas, el tema de cambio climático no puede ser tratado superficialmente, ni como un asunto meramente diplomático. Está en juego la calidad de vida de miles de personas, en todas las regiones del país, en el futuro próximo. Estamos hablando de temas tan serios como la extinción de recursos, el hacer frente a más catástrofes naturales, de mayores costos y más escasez en los medios básicos de subsistencia. No obstante, dado que la problemática misma del cambio climático nos está planteando la tarea de hacer cambios estructurales, estos cambios se pueden aprovechar como estrategia para construir la sustentabilidad económica y ambiental en una sociedad, como la nuestra, que tiene de hecho una necesidad urgente de moverse en esta dirección.

 

*Alberto Salazar, Coordinador Ejecutivo, Programa de Cambio Climatico, Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad.