Investigadores públicos se pliegan para apoyar a Monsanto: científicos

Por Juan Luis García Hernández

Diversos científicos desmintieron que los maíces transgénicos y orgánicos puedan coexistir en una misma zona como lo afirmó un estudio hecho por investigadores de las universidades autónomas del país y fue financiado por la transnacional de patentes transgénicos Monsanto.

El trabajo que fue publicado en la revista científica PLOS ONE concluyó que 30 metros de separación serían suficientes para que el polen de los sembradíos transgénicos tuviese una incursión menor al 1 por ciento en las parcelas de maíz orgánico.

“El polen viaja varios kilómetros de distancia. Es como un polvo, con cualquier aire fecunda a cualquier planta, los transgénicos vuelan y forma una degeneración genética de las plantas”, consideró Ambrosio Mayorga Zerón, experto de la Universidad Autónoma Chapingo, quien no participó en la investigación.

El estudio titulado “Flujo génico mediado por polen en maíz: Implicaciones en los requerimientos de aislamiento y la coexistencia en México” realizó evaluaciones de campo en Baja California Sur, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas, entre el 2011 y 2013.

“Estimamos que el maíz genéticamente modificado se comporta en lo que estrictamente al polen se refiere exactamente igual [al orgánico]. Esto permitiría a las estructuras de regulación del Gobierno establecer con mayor precisión y seguridad, y menos riesgo, las distancias que deberían de tener las siembras de maíz genéticamente modificado ”, dijo José Antonio Garzón Tiznado, uno de los autores de la investigación en entrevista con SinEmbargo.

Sin embargo, en la comunidad científica el trabajo no fue bien recibido por no considerar otros factores que inciden en la coexistencia de los maíces transgénicos y tradicionales.

Entre ellos estarían las omisiones en la velocidad del viento, ya que la investigación se limitó a evaluar hasta 23.9 kilómetros por hora, la polinización de los insectos y la intervención del hombre.

“Esta investigación no habla para nada de los polinizadores del maíz, como si aparentemente lo único que mueve al polen es el aire. Y si el aire es de baja intensidad como ocurrió en estos experimentos pues no viaja mucho. Pero si hubiera un vendaval, y en vez de 15 kilómetros por hora subiera a 80 el resultado sería muy diferente”, explicó en entrevista el doctor Antonio Turrent Fernández, miembro de la Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad (UCCS).

La presidenta de la UCCS Elena Alvarez-Buylla Roces refirió que ha participado en investigaciones que corroboran la aparición de transgenes de cultivos modificados de maíz en Oaxaca provenientes de los Estados Unidos.

“Nosotros en particular, hicimos estudios corroboratorios del reporte de Ignacio Chapela y David Quist. Estos datos demuestran sin lugar a dudas que no es posible contener los transgenes, las secuencias y construcciones combinatorias de los cultivos transgénicos, de los sitios en los que se les aprueba y se les libera originalmente. Es decir, estos transgenes igual que cualquier gen de las poblaciones liberadas al ambiente se mueven y sin poder controlar acaban a miles de kilómetros de distancia”, dijo.

SOMETIMIENTO DE INVESTIGADORES

Los científicos denunciaron como diversos investigadores de universidad públicas que reciben financiamiento para hacer proyectos de índole científico, se hayan prestado a colaborar con los intereses de la empresa Monsanto.

“Preocupa que esto está pasando en investigaciones públicas mexicanas, y que investigadores que en vez de estar dedicados a buscar alternativas lo mejor sustentadas científicamente, en vez de buscar desarrollos científicos a favor de la biodiversidad, de la bioecología, de la soberanía, se ponen al ser servicio de estos intereses corporativos a hacer una tecnociencia y, primordialmente, guiada por el enriquecimiento lucrativo”, dijo la presidente de la UCCS.

El equipo de investigadores de instituciones de educación superior que participó en el estudio de Monsanto estuvo conformado por Luciano Castro Espinoza y Marco Antonio Gutiérrez del Instituto Tecnológico de Sonora; Armando Espinoza Banda de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro; José Antonio Garzón Tiznado y Jesús Ignacio Madueño Martínez de la Universidad Autónoma de Sinaloa; Juvencio González García y Hugo Raúl Uribe Montes de la Universidad Autónoma de Chihuahua y José Luis Guzmán Rodríguez y Francisco Zavala García de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

El doctor Turrent refirió que avalar la incursión del maíz transgénico en México es atentar contra la biodiversidad y los 59 tipos de maíz que existen en el país. Ya que desde épocas milenarias el intercambio de las especies ha sido parte de un proceso agrícola que fomenta el mantenimiento de una alta calidad de las cosechas. La cual se vería erradicada con el maíz transgénico.

“La incursión del maíz genéticamente modificado, además, deja en manos de Monsanto el monopolio de las patentes del maíz. En contra de las especies nativas de los agricultores que han sembrado durante miles de años”, sentenció Turrent.

En este momento la suspensión del cultivo de maíz transgénico lleva dos años y fue provocada por la demanda de la agrupación de organizaciones civiles, conocida como Colectividad en Defensa del Maíz, se ha mantenido en pie pese a los amparos del Gobierno y las empresas transnacionales que comercian con productos transgénicos, los cuales iniciaron en octubre del 2013 y la primera semana de julio.

“Los 22 juicios de amparo que han presentado Sagarpa (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación), Semarnat (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales), Monsanto , Dupont Pioneer, Syngenta y Dow Agroscience, se han ganado todos”, explicó a SinEmbargo el abogado de la colectividad, René Sánchez Galindo, después de una conferencia de prensa el pasado 9 de julio.